Nayma


The gypsy princess

historia

Hija de una mujer calé y un payo, el destino de Nayma estuvo marcado desde que fue concebida. El mestizaje no estaba bien visto, y mucho menos mantener relaciones antes de casarse. Al principio los padres no tuvieron demasiados problemas, pero a medida que avanzaba el embarazo mayor presión cargaban sobre sus hombros. La familia gitana no veía con buenos ojos la relación, con el tiempo, el padre cedió ante la presión y termino abandonando a su mujer y a su hija. Esto, lejos de ayudar, sirvió a la familia para mortificar con mayor motivo, a sus ojos, a la madre.
Todo esto repercutió en la vida de Nayma, a quien se la consideraba una paria debido a la sangre que corría por sus venas. Los gitanos no la consideraban una de los suyos, tampoco los payos. Caminaba por tierra de nadie. Al principio trataba de comportarse como debía, como querían los demás que fuera. Necesitaba ser la gitana pefecta para sentirse integrada, pero el día que comprendió que nadie la aceptaría sin importar cuánto se esforzara, fue cuando realmente empezó a vivir la vida. El desenfreno que ahora regía su modo de vivir resultaba escandaloso para todos, que a pesar de que no sabían con certeza lo que la intrépida joven hacía cuando se marchaba, todos podían imaginar qué era. Así es que, con la intención de encarrilarla, su madre decidió casarla en cuanto dio con un hombre dispuesto a aceptarla. Claro que aquel tipo... No tenía muchas opciones: no era guapo, ni atractivo, tampoco era simpático ni tenía dinero. Una joya, pero no había nadie más. El hombre, además había aceptado única y exclusivamente porque la madre le había jurado y perjurado que su hija seguía siendo pura. El día de la prueba del pañuelo llegó y fue entonces cuando se descubrió lo que ya todos sospechaban: no era virgen. Insultos y maldiciones se profirieron, risas maliciosas se oía de todas partes. El futuro novio estaba que echaba humo por las orejas y la madre... La madre no podía estar más angustiada, consumida por la decepción. Ese caótico instante fue la gota que colmo el vaso para Nayma. Salió corriendo y se montó en el carro que había sido entregado como dote, el carro donde se supone que iba a vivir la pareja, tomó las riendas e instó a los caballos a que iniciaran el trote y siguió apurándolos hasta que empezaron a galopar.
Huyó de aquel dichoso campamento, mismo al que juró entonces nunca volver.
Desde su huida, Nayma siempre ha estado de aquí para allí viviendo como la nómada que es y ganándose el pan gracias a sus portentosas habilidades como adivina.


Otros datos de interés

  • Siempre viaja en su carro, el mismo donde vive. Este carro es tirado por dos caballos, Pinto, el negro, y Albo, el blanco. Les tiene mucho cariño porque es la única compañía que tiene durante los viajes.

  • Ella se dedica a la adivinación, la cual no es solo palabrería. Puede predecir las cosas que sucederán a medio-largo plazo, a corto plazo tiene como un instinto que la advierte del peligro. En cualquiera de estos casos, todo depende de su pericia para interpretar las señales.

  • A pesar de ser gitana, nadie en el campamento le enseñó a hablar caló como forma de darle a entender que ella no formaba parte del grupo. Tampoco dejaban que su madre le enseñara, aunque ésta lo hacía secretamente así aprendió algunas palabras.

  • En sus escapadas, no se iba de fiesta para "relacionarse" con hombres como todos creían. Se paseaba por las calles dando a conocer sus dones adivinatorios así, con el tiempo, se consiguió hacer un huequito en el corazón de la gente del pueblo, donde se sentía mucho más querida y apreciada. En una de estas escapadas acabó tropezándose, literalmente, con un anciano. Éste anciano resultó ser un hombre adinerado y por tanto con la capacidad de acceder al conocimiento, ella lo veía como un auténtico erudito, y si bien es cierto que era un hombre cultivado, Nayma quizás exageraba un poco. Éste tipo en cuestión fue quien le enseñó a leer y escribir, cosa que ella le agradecería enormemente.

  • El anciano mencionado anteriormente tenía un hijo, Mason. Era un muchacho apuesto, el típico hombre que capta todas las miradas cuando pasea y provoca que las jóvenes se vuelvan dos veces para mirarlo. Al principio no se llevaba bien con él porque era un engreído petulante, pero con el tiempo ambos cambiaron. Él se volvió más amable y ella menos hiriente. Una noche, después de muchas copas de vino, terminaron en la cama. Después de lo que sucedió en aquella habitación, Nayma no volvió a visitar al anciano ni a Mason, pues consideraba que su presencia allí al final lo único que haría sería traer problemas a su familia y quizás hasta estropear el brillante futuro del muchacho.

  • Se autodenomina "princesa gitana" como oposición al rechazo que sufre por parte de los suyos.


Sus orígenes

La ciudad se caracteriza por una intrincada y caótica distribución urbanística que la vuelve un completo laberinto para los extranjeros. Incontables pasadizos secretos se esconden por toda la ciudad como ruta alternativa en caso de que fuera necesaria una evacuación.
También resulta muy llamativo el contraste que se da entre la arquitectura civil y palaciega. Por un lado, encontramos que la mayoría de los hogares los constituyen arquitecturas sencillas de ladrillos y adobe rematados con un encalado que en origen era blanco, pero con el polvo del desierto ha tomado el color del arena. Mientras, por otro lado, destada la majestuosa Rosa del Desierto, el palacio del emperador. donde la línea se conjuga de manera exquisita con formas tanto geométricas como orgánicas, todas rematadas por un resistente y colorido esmalte que brilla bajo la luz del sol.


Relaciones

Morbaal, Señor de las Mentiras

En circunstancias que todavía a día de hoy Nayma desconoce, una noche conoció al Señor de Evramor y su palacio. A raíz de este encuentro, la gitana se vería envuelta en una serie de sucesos desagradables en su mayoría, aunque no todos. El demonio vio en ella un potencial oculto del que ni siquiera la propia Nayma era consciente, así a raíz de varias conversaciones y los propios planes del demonio, Nayma terminaría aprendiendo cierta nociones de magia, una oscura y torticera.

Edrian, el tabernero

Dueño de "El corazón de Araya", una de las mejores tabernas, al menos para Nayma. Muchas noches ha pasado después de la hora del cierre compartiendo penas e historias con Edrian, al que considera uno de sus amigos más íntimos. Todavía a veces recuerdan con cariño aquella vez en la que juntos escaparon de un lejano reino. Y no se fueron con las manos vacías, precisamente.

Kashmir

Después de conocerse por negocios en un puerto ambas mujeres encajaron enseguida. Debido a esta confianza, Nayma terminó embarcando a la Capitana en una empresa de la que no saldrían bien paradas. Tras una serie de desafortunados sucesos, su relación se vio trastocada por la desconfianza que la gitana terminaría ganándose. Sin embargo, Nayma está dispuesta a todo por recuprar su buena relación.


Línea temporal

Capítulo I

"La bendecida por las arenas"

« El destino, aquel que me vio nacer y que tantas posibilidades me brinda. Quien me hace reír y llorar y me acompaña hasta el confín de la tierra. Amigo u enemigo, preguntáis a esta gitana... Cuando la elección está en vuestra mano, viajero »

Un día más en el interminable desierto de Hariq Al'ard, en el Continente sin Fin. El clan había sido demasiado ambicioso, o más bien su líder, al aventurarse a vagar por una tierra todavía desconocida incluso para los más aventureros. ¡Hablamos de un desierto! Uno que ni siquiera los lugareños se atreven a pisar. ¿Y por qué iban a hacerlo? Si allí no había nada. Pero eso no era lo que pensaba el patriarca, Cappi. Él estaba seguro de que el desierto debía de guardar un tesoro y para justificarlo se apoyaba en la idea de que aquel era el lugar más seguro para esconder una fortuna, ya fuera en bienes o en conocimiento. A él le interesaba más lo segundo, porque son los más listos los que más lejos llegan. Y él bien lo sabe. Es viejo y ha visto muchas cosas. Lo que él ha vivido lo ha transmitido a los suyos para que aprendieran, de esta manera sus descendientes han podido mejorar la calidad de vida de la familia. El conocimiento es la mejor aportación que se puede brindar a una comunidad, Cappi lo sabe y su fin no es otro que trascender por ello. Sus parientes lo recordarán para los restos. Contarán historias sobre el mejor patriarca de la familia, "Cappi "Capitán" el gitano más sabio donde los haya, aquel que cambió la vida del calé para siempre", pensaba el viejo soñador. Y mientras Cappi soñaba con la gloria, su familia sufría el desgaste de llevar diez días y sus diez noches bajo el inclemente clima del desierto. Durante el día rogaban por el frío de la noche y durante la noche por el calor del día. Una auténtica tortura en vida, como lo describía la matriarca Jayah. Y así, mientras todos sufrían en voz alta, una mujer lo hacía en silencio: Vadoma. A sus dieciséis, la joven Vadoma ya se comportaba como una mujer adulta. La vida del trashumante no era fácil, mucho menos si eras una gitana casadera que se negaba a contraer matrimonio y que, para colmo, estaba embarazada. ¡Una embarazada en el desierto! Su panza bien podría compararse con una duna. Mucho se hablaba de esa barriga e incluso había una porra echa por ver cuántas criaturas pariría Vadoma. Los más osados apostaban que cuatro críos, pero nadie apostaba menos de dos... Nadie excepto Luminita, la madre de Vadoma.



Con el undécimo día en el desierto, llegó una terrible tormenta de arena que agitó con una fiereza indómita la por entonces ya escasa moral del clan. Vieron cómo la arena se levantaba a lo lejos y supieron al instante lo que les venía encima. En seguida el patriarca los instó a que se prepararan: reforzaron las puertas y ventanas de los carros, se aseguraron de cubrir su rostro con los mantos en los que se envolvían para evitar el sol y ralentizaron el avance. Fue tan solo cuestión de unos minutos que la tormenta los alcanzara. La vieja madera de los carros crujió ante tamaña fuerza del viento, los caballos se encabritaron al recibir el azote de la arena, siendo tal su enfado que era imposible calmarlos. ¡Y con razón! El arena les hacía daño en la piel y en los ojos, además les entraba en los oídos y la nariz. No fue hasta que Luminita tuvo la idea de cubrirlos a ellos también que los caballos se calmaron. Todos miraron sorprendidos a la mujer, incluso Cappi. En otras circunstancias Luminita les habría dado un sermón de aúpa, pero no era momento de lecciones. Era momento de actuar. Era el momento de demostrar por qué los gitanos sobreviven hasta en los lugares más recónditos del mundo. De alguna manera, la inaudita calma de los equinos sirvió como un rayo de esperanza para la familia y todos sacaron fuerzas de flaqueza para seguir adelante. Y cuando todos sintieron que eran capaces de superar esta situación, Vadoma rompió aguas. Costó que todo el mundo comprendiera lo que acababa de suceder, pues con tal viento no se podían oír los unos a los otros, pero la mujer se hizo entender rápidamente cuando señaló repetidas veces su barriga. Cappi se llevó las manos a la cabeza, Jayah comenzó a rezar por lo bajo y muchos otros la siguieron. Entonces Luminita intervino de nuevo. Uno por uno fue meneándolos a todos para que espabilaran. No podían quedarse quietos esperando a que la tormenta amainara, los carros no iban a aguantar mucho tiempo y Vadoma necesitaba un lugar en el que dar a luz. Cappi entró en razón sin que hiciera falta convencerlo, todos volvieron a sus puestos habituales y lentamente se pusieron en marcha. Jayah y Luminita entraron en un carro junto con Vadoma para ocuparse del parto mientras el resto a duras penas hacía que la caravana avanzara. Las tablas de madera que conformaban los carros crujían cada vez más, sobre todo en la zona del techo, llegando a desprenderse parcialmente, tras lo cual no tardaron mucho en salir volando. El arena empezó a entrar dentro del carro... ¡Aquel ya no era un lugar para parir! Cappi más que nunca sintió la presión del liderazgo aferrándose a su yugular, pero, ¡en peores situaciones se había visto el viejo gitano! Miró al frente y en voz baja le pidió a los dioses una señal, algo que ayudara a su clan a salir adelante. Y así, ese dios proveyó. Oteando el horizonte, entre toda esa arena, Cappi pudo distinguir algo en la lejanía. La caravana se puso en marcha de nuevo. Entre tanto, Luminita y Jayah trasladaban a Vadoma a otro carro esperando que éste aguantara algo más, pues no era tan viejo como el anterior. De todas maneras, para asegurar su durabilidad, Jayah mandó que reforzaran el techo usando tablas del carro estropeado. Por el momento conseguían resistir, estaban echándole un pulso a la tormenta y, aunque no iban ganando, tampoco estaban perdiendo. El segundo carro aguantó lo suficiente como para que llegaran hasta lo que Cappi había visto. Se trataba de una cueva... ¡Una cueva de roca! ¡No todo era arena en ese desierto! El patriarca creyó que aquello solo podía confirmar su teoría, el resto creían que el viejo se aferraba a un clavo ardiendo. Como fuere, entraron a la bendita cueva. "El regalo de los dioses", la nombró Cappi. Avanzaron por la cueva hasta llegar al fondo de la misma. No era muy profunda, pero el viento no llegaba al final y tampoco lo haría el arena. Ahora solo tenían que concentrarse en el parto. Jayah, como matriarca que era, comenzó a dar órdenes a diestro y siniestro. Todo el mundo estaba bajo su mando ahora. Encendieron un fuego y pusieron agua a calentar, el tío Melalo, hermano de Jayah, salió corriendo como alma que lleva el diablo hacia un tercer carro para buscar unas mantas limpias, Cappi trajo cojines para acomodar a Vadoma y Luminita no se apartaba de su hija. La miraba sonriente y nostálgica al recordar el día en que la tuvo a ella. Buscaba tranquilizar a su hija con su infinita calma y sus sabias palabras, y lo conseguía. Después de varias horas de tensión en las que todos esperaban ansiosos saber quién era el ganador de la apuesta, el incesante llanto de una criatura provocó que incluso el rugido del viento cesara. La tormenta amainó y el desierto, después de mucho tiempo, vio la vida con el nacimiento de aquella niña. Todos se sorprendieron por el hecho de que la tormenta cesara tan repentinamente, permitiendo que se pudiera escuchar con claridad aquel llanto, pero gracias a ello todos se supieron perdedores de la apuesta. Luminita había acertado. Tan solo una criatura había nacido. Cuando Vadoma se presentó ante el resto del clan con su niña en brazos lo primero que le preguntaron fue por el nombre de la pequeña. Vadoma esbozó una gran sonrisa que a pesar de su cansancio mostraba genuina felicidad, esa que solo una madre con su recién nacida en brazos puede presumir de experimentar, y entonces respondió:



«Nayma... Se llamará Nayma. Solo la princesa del desierto podría acallar una tormenta».



Después de todo lo sucedido, el clan al completo se opuso a la idea inicial de Cappi, por lo que éste no tuvo más remedio que ceder. Desde ese día y hasta que salieron del desierto no hubo ninguna otra tormenta, no mientras la princesa del desierto estuviera presente

Capítulo II

"La Caída Escarlata y Evramor"

« Aquellos que ansían el Cielo es porque nunca han conocido el Infierno, pues éste nada tiene que envidiarle. Os cuentan todo tipo de historias para no dormir del lugar que los demonios habitan, pero no os hablan de su retorcida belleza, embriagadora como el aroma de una rosa, y ni siquiera mencionan la joya que se esconde entre cascadas de fuego: Evramor, la Ciudad de Marfil. No, viajero, el Infierno no es tan malo como dicen. Os lo asegura alguien que ha atravesado sus fronteras y ha vuelto para contarlo.»